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Carlos
Núñez Cortés.
Buenos
Aires, 15/10/1942
“Un día,
en una reunión, mis padres me vieron tocando el piano con cierta
soltura y se quedaron pasmados. No estaban enterados ni se lo imaginaban.
Yo tenía siete años”, recuerda Núñez
Cortés.
Por aquel entonces vivía con su familia en Posadas, capital de
la provincia argentina de Misiones. Su padre era relojero, hijo de españoles,
y su madre tenía ascendencia turca.
“Mi madre, si bien nunca había estudiado música, tenía
un oído excepcional y cantaba como una soprano ligera. Recuerdo
que de pequeños nos cantaba canciones sefaraditas en antiguo judeo
español”, dice.
Cerca de su casa en Posadas, vivía un compañero de colegio
cuya familia tenía un piano. “Cada vez que iba a su casa,
me encantaba sentarme ante ese instrumento e improvisar las canciones
de moda”, evoca. La hermana de su compañero, que era profesora
de piano, le dio sus primeras lecciones. A partir de allí nunca
dejó de aprender. A lo largo de los años realizó
estudios sistemáticos con diferentes profesores particulares. Fue
así como se transformó en concertista de piano.
De adolescente, se trasladó con su familia a Buenos Aires. Al terminar
el colegio secundario, decidió estudiar ciencias químicas
e ingresó a la universidad en 1960. Allí, se le ocurrió,
junto con otros compañeros, formar un coro polifónico, lo
que dio origen al coro de la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad
de Buenos Aires, que dirigió el maestro Juan Schultis. Más
adelante ingresó como tenor en el coro de la facultad de Ingeniería,
donde conoció a Gerardo Masana y a los demás futuros integrantes
de Les Luthiers. Con ellos participó en la puesta en escena de
Il figlio del pirata (1964) y la Cantata Modatón (1965).
Desde fines de ese mismo año pasó a formar parte del conjunto
humorístico I Musicisti, y en 1969 –dos años
después de recibirse de bioquímico- se sumó a Les
Luthiers. Allí pudo canalizar no sólo su habilidad como
pianista, sino también su talento compositivo. Fue el creador de
varias obras emblemáticas del conjunto, como el Teorema de
Thales y el Concerto grosso alla rustica. Este último
sería interpretado por Les Luthiers junto con el Ensamble
Buenos Aires (1972), la Orquesta Sinfónica del Teatro Colón
(1986), la Camerata Bariloche (2000) y la Orquesta Filarmónica
de Madrid (2004).
En Les Luthiers pudo canalizar también sus habilidades
actorales. Fuertemente influenciado por Charles Chaplin, encarnó
a distintos personajes que deleitaron a la audiencia del conjunto y, curiosamente,
tuvieron un gran impacto sobre el público infantil.
Desde un comienzo evidenció un gran interés en la construcción
de instrumentos. A su propia autoría se deben el tubófono
silicónico cromático, el narguilófono y el glamocot.
En colaboración con Carlos Iraldi construyó varios de los
instrumentos más espectaculares de Les Luthiers, como
el órgano de campaña, la marimba de cocos, la gaita de cámara
y la mandocleta.
Fuera del conjunto, se destacó como concertista de piano y arreglador.
Compuso canciones para distintas obras de teatro (entre ellas Corazón
de bizcochuelo, de Enrique Pinti, y El fantoche lusitano,
de Peter Weiss).
Su pasión por la biología y el buceo lo llevaron a reunir
una colección de caracoles marinos con más de 4.000 ejemplares
de todos los mares del mundo. Junto con Tito Narosky, fue coautor del
libro Cien caracoles argentinos (Editorial Albatros, 1997).
Los juegos de ingenio y los acertijos son otros de sus hobbies. Colaboró
con distintas revistas de estas especialidades y periódicamente
organiza entretenimientos para las listas de Internet de amigos y fans
de Les Luthiers.
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