RECITAL SINFÓNICO ' 86 ( 1986)

Única función el 11 de agosto de 1986 en el Teatro Colón, de Buenos Aires.
Orquesta Sinfónica del Teatro Colón dirigida por Carlos López Puccio.
Versiones sinfónicas de Concerto Grosso alla Rustica, Concierto de Mpkstroff y Las Majas del Bergantín.
Les Luthiers: Ernesto Acher, Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés y Daniel Rabinovich.

 

 

FICHA TÉCNICA

 

Les Luthiers: Ernesto Acher, Carlos López Puccio, Jorge Maronna,
         Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés y Daniel Rabinovich.
Fundador: Gerardo Masana
Luthier de Les Luthiers: Carlos Iraldi
Colaborador creativo: Roberto Fontanarrosa
Iluminación y Dispositivo escénico: Ernesto Diz
Coordinación técnica: Francesco Poletti
Sonido: Eduardo Guedes y Oscar Amante
Gerente: Rubén Scarone
Colaboradores en escena: Daniel Aisenberg, Luis Barba y Oscar Rodríguez
Asistente: Jorge Coiman
Textos, música, arreglos y dirección: Les Luthiers

OBRAS EN PROGRAMA
  • Les Luthiers
             TRUTHFUL LULU PULLS THRU ZULUS  (Blus)
             CUARTETO OP.44  (Cuarteto para quinteto)
             KATHY, LA REINA DEL SALOON  (Música de cine mudo)
             EL POETA Y EL ECO  (Canción...ón...ón...)
             RECITADO GAUCHESCO  (Aires de manguera)
             AÑORALGIAS  (Zamba catástrofe)

  • Les Luthiers y Orquesta 
             CONCERTO GROSSO ALLA RUSTICA (Concerto grosso)
             CONCIERTO DE MPKSTROFF  (Concierto para piano y orquesta)
             LAS MAJAS DEL BERGANTÍN  (Zarzuela náutica)

  • bises:
             LA BELLA Y GRACIOSA MOZA  (Madrigal)
             LAZY DAISY  (Hall music)
             BOLERO DE LOS CELOS  (Trío pecaminoso)
             TEOREMA DE THALES  (Divertimento matemático)




FOTOS

La foto más difundida de Les Luthiers
en el Teatro Colón

Recitado Gauchesco

Ensayo y actuación de Las majas del Bergantín (Zarzuela náutica)
Ensayo y actuación del Concierto de Mpkstroff

Fotos promocionales del Recital sinfónico 86
PRENSA
Roxana Kreimer. Tiempo Argentino, miércoles 13 de agosto de 1986
Les Luthiers: humor como un signo de categoría artística
Tres horas de espectáculo en el Colón resultaron insuficientes para quienes se sacaron el sombrero ante sus lúcidas actuaciones.


Por primera vez desde su inauguración en 1908, el Teatro Colón se inundó –a través de estentóreas carcajadas- de una de las más nobles y unificadoras manifestaciones humanas: la risa. Resulta digno de análisis –para otra ocasión- el hecho de que en ciertos ámbitos esta expresión aparezca sólo ocasionalmente. Compositores de diversas épocas tomaron al humor como un signo inteligente de categoría artística: desde Mozart – con su desopilante “Broma musical” y Haydn –con su sinfonía “Sorpresa” en sol mayor, en la que se propuso hacer saltar con un fortíssimo de timbal a las señoras que se duermen en las primeras filas-, hasta Milhaud y Satie, entre tantos otros.
Independientemente de las cuestiones de índole emotiva que giraron en torno a la actuación de Les Luthiers, su presencia en el Colón no fue, como muchos suponían, gratuita (y aquí no se hace referencia precisamente al precio de las entradas). Mundstock, Rabinovich, Maronna, López Puccio, Núñez Cortés y Acher presentaron el lunes por la noche tres obras para instrumentos informales y orquesta que sin duda merecían ser interpretadas en el principal ámbito de música sinfónica del país.
Tras una primera parte en la que se sucedieron cuatro temas interpretados exclusivamente por Les Luthiers –“Truthfull Lulu pulls thru zulus” (blus), “Cuarteto Opus 44 para dos latines, cellato y cello legüero”, “El poeta y el eco” y “Añoralgias” (zamba)-, el concierto incluyó tres piezas orquestales que desarrollaron una línea no muy frecuentada por este grupo: el humor a través del lenguaje de la música y no exclusivamente a través del lenguaje conceptual de la palabra.
El “Concierto grosso alla rústica” fue una peculiar alianza entre los mejores lugares comunes del período barroco y los peores clisés de la música andina. Mastropiero concibió esta obra cuando, perseguido por sus ideas, tuvo que exiliarse en la Quebrada de Humahuaca, aunque infelizmente ninguna de sus ideas pudo alcanzarlo.
El “Concierto para piano y orquesta” de Dimitri Mpkstroff, caricaturizó las ideas sonoras del clasicismo a través de un timbal que –según la crítica leída por Mundstock- sugirió “la irreversibilidad de los destinos humanos”, de bronces que retrucaron que “nada es irreversible”, de maderas “que buscan reflejar la desprotección del hombre y no lo logran”, y de un instrumento solista que “atacó un tema que finalmente resultó ileso”.
Esta sublime recreación del folklore más mediocre del período clásico fue quizás uno de los mejores números. El piano –instrumento solista- fue munido de un espejo retrovisor; Rabinovich se obstinó en permanecer al frente de la orquesta con sus tres timbales, y un pasaje de piano donde el solista debía cruzar sus manos había sido indicado oportunamente en la partitura con un “conserve su mano derecha al cruzar”.
El programa finalizó con el fragmento de una zarzuela denominada “Las majas del bergantín”. López Puccio dirigió la orquesta –como en las otras dos obras- mientras los demás luthiers representaban a cinco marineros que pretendían seducir a cinco prisioneras –interpretadas por ellos mismos- en un barco en altamar.
Como puede suponerse, sacados de contexto, algunos de los chistes de Les Luthiers pierden su gracia. Esto es una buena prueba de que, en su caso, el humor “per se”, con la forma del “viejo” e “ingenuo” gag es una de las cualidades más intransferibles, clásicas y valiosas de este género.
Lo mismo sucede con quienes suponen que la creación debe asumir indefectiblemente un tipo de “compromiso “ que se asemeje más a una atadura que al arte en alguna de sus formas. En este sentido, los gags a dúo de Rabinovich y Mundstock fueron “joyitas” sin desperdicio.
El concierto contó con un excelente trabajo en la amplificación del sonido. Cada músico portó un micrófono inalámbrico, además de los clásicos micrófonos de pie que funcionaron impecablemente en todo momento. Sumado a la excelente acústica del Colón, esto hizo que se comprendieran hasta los chistidos más tenues de cada gag.
Dos horas y media de espectáculo y cuatro bises –tres horas en total- resultaron casi insuficientes para quienes nos sacamos el sombrero ante una de las expresiones más lúcidas, graciosas y serias de la creación artística argentina.