EL REÍR DE LOS CANTARES (1989)

Estrenado el 27 de Julio de 1989 en el Teatro Astengo, de Rosario, Argentina.
Número de funciones: 409
Última función el 7 de Marzo de 1992 en el Teatro de La Ciudad, de México.
Instrumentos nuevos incorporados: Gaita de Cámara y Clamaneus.
Les Luthiers: Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés y Daniel Rabinovich.

 

 

FICHA TÉCNICA

 

Les Luthiers: Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Marcos Mundstock,
Carlos Núñez Cortés y Daniel Rabinovich
Fundador: Gerardo Masana
Luthier de Les Luthiers: Carlos Iraldi
Colaborador creativo: Roberto Fontanarrosa
Diseño de iluminación: Ernesto Diz
Asesoramiento coreográfico: Esther Ferrando
Coordinación técnica: Francesco Poletti
Sonido: Oscar Amante
Técnico en Electrónica: Héctor Isamu
Operador suplente de Sonido y Luces:Luis Barba
Prensa y Colaborador en escena: Daniel Aisemberg
Asistencia de Instrumentos y Colaborador en escena: Oscar Rodríguez
Asistente: Jorge Coiman
Gerente: Rubén Scarone
Textos, música, arreglos y dirección: Les Luthiers

 

 

OBRAS EN PROGRAMA
  • ROMEO Y JUAN CARLOS  (Trailer cinematográfico) 
  • FLY AIRWAYS  (Aires Aéreos)
  • DON JUAN TENORIO  (Dúo de Barítono y Tenorio)
  • VOTE A ORTEGA  (Música proselitista)
  • QUIÉN MATÓ A TOM McCOFFEE  (Música en serie)
  • LA HORA DE LA NOSTALGIA  (Diez minutos de recuerdos)
  • AMAMI, OH BEATRICE  (Madrigal)                                        
  • LA BALADA DEL 7º REGIMIENTO  (Canciones en el frente)
  • EL POETA Y EL ECO  (Canción...ón...ón...)
  • SELECCIÓN DE BAILARINES  (Comedia musical)

El madrigal “Amami, Oh Beatrice” se interpretó solo durante el primer año del rodaje del espectáculo (1989), luego fue quitado del programa.




 

GRABACIONES DE ESTE ESPECTÁCULO
Algunas obras aisladas (Fly Airways. Don Juan Tenorio y Selección de Bailarines) están incluidas, como bonus tracks
, en el video Nº 11 - “Las Obras de Ayer”.
FOTOS

Fly Airways

Vote a Ortega

La caída de la "Selección de bailarines"
La balada del séptimo regimiento
PRENSA
Aníbal Vinelli, Diario Clarín 6 de agosto de 1989

Les Luthiers y su manera inimitable de hacer reír

La voz en off de ese coro griego calvo y barbado de un solo hombre –Marcos Mundstock- cuenta de un amor problemático con el final cómicamente perfecto. Y recién entonces se abre el telón y allí están Mundstock, Carlos López Puccio –cada día más asombrosamente parecido al profesor Abronsius de La danza de los vampiros- Jorge Maronna, Carlos Núñez Cortés y Daniel Rabinovich. Ha comenzado la fiesta y, como tal, la perspectiva crítica es tan difícil cuanto antipática.

Como decía el gran Groucho Marx, uno quiere ser feliz, bailar cha-cha-chá, divertirse, en suma.
En esta ocasión la ceremonia bianual se titula El reír de los cantares, un nombre tan imaginativo, adecuado y generalizador como cualquiera de Les Luthiers, cuyos espectáculos no reconocen otro denominador común que no sea el del talento y la aguda observación, fina e intemporalmente satíricos, sin el lastre de la actualidad con referencia a apellidos o crónica periodística.

Y como desde ambos lados del escenario sabemos que 20 años no es nada y que hemos crecido juntos –no, envejecido no- la complicidad permite el sobreentendido y no hacen falta prólogos ni explicaciones, las ovaciones comienzan con el show y siguen hasta el final.

El nuevo programa que ejecutan en el Coliseo son 105 minutos de alegría sin interrupciones, con Mundstock o Rabinovich, practicantes de artes vulnerables, llenando los huecos entre número y número, a telón abierto, con la presentación de lo que viene, mientras luthiers asistentes enderezan micrófonos y recambian los estrambóticos instrumentos. La rutina es ya perfecta.
Será entonces un catálogo que incluye Fly Airways, algo así como la versión no expurgada por la Dirección de Tráfico Aéreo de los vuelos económicos con fuselaje precario y comidas indigestas; el Don Juan de Mastropiero donde Núñez Cortés, ahora notable comediante cuanto pianista, incorpora las técnicas del cine mudo y la mímica para explicar los fracasos de la seducción; o Vote a Ortega, música proselitista, con López Puccio subido delante de una llanta de camión naftero que es instrumento de aire y estrado, y el resto de la banda como seguidores políticos y turiferarios, esto es, quemadores de incienso.

El cuadro jazzístico será Quién mató a Tom McCoffee, ardua combinación de cortinas de series, blues y novela negra con perdón de Mike Hammer, y La hora de la nostalgia, diez minutos de recuerdos con Mundstock como un chansonnier geriátrico que recuerda sus éxitos, se cae con cada ademán y permite una salida de conga que uno supone debida al asesoramiento coreográfico de Esther Ferrando. ¿Cómo consiguió hacerlos ensayar...?

La segundo mitad reúne el madrigal Amami, Oh Beatrice –que habrá hecho revolver en sus tumbas al Dante y a Scarlatti- y La balada del séptimo regimiento, con el grupo como una banda en la guerra de Corea gratamente predispuesta a pasarse al enemigo.
El poeta y el eco es la variante culta de un chiste con repetición de las últimas sílabas que ya se encontraba en el vodevil, y el remate, el esfuerzo supremo, será Selección de bailarines. Que es una –diríamos- versión de cámara de A Chorus Line, con Rabinovich como el director-coreógrafo, Núñez Cortés como el pianista, y los tres que quedan como aspirantes, un tímido, un gay, un gangster. Cada uno permitiendo que afloren sus pensamientos como en el musical de Broadway y Hollywood, y partiendo hacia la gloria entrelazados como Pavlovas pilosos.

Con un bis “fueeera de programa”, Romance del joven conde, La sirena y el pájaro cucú... y la oveja, merced a la iluminación exacta de Ernesto “Tito” Diz y entre otros de la colaboración creativa de Roberto Fontanarrosa, han obtenido el único y definitivo antídoto contra la realidad que puede obtenerse hoy día. ¿Quién puede pedir más?